11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).

domingo, 4 de octubre de 2015

"Zelig" (1983).


-- "Zelig". Estados Unidos. Año 1983.
-- Dirección: Woody Allen.
-- Actuación: Woody Allen, Mia Farrow, Patrick Horgan, John Buckwalter, Marvin Chatinover, Stanley Swerdlow, Paul Nevens, Howard Erskine, George Hamlin, Ralph Bell, Richard Whiting, Will Hussong, Robert Iglesia, Eli Resnick, Edward McPhillips.
-- Guión: Woody Allen.
-- Banda Sonora: Dick Hyman.

-- "Zelig" en IMDb.
-- "Zelig" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Para las gentes de hoy en día, cuesta figurarse lo que representó para su tiempo su persona, su figura... un poco lo que reveló acerca de nosotros mismos. Eran los años '20s. Se vivían los años locos, la gente estaba loca y excéntrica, se batían récords de aviación... y en medio de todo eso creció la fama de ese curioso hombrecillo que fue Leonard Zelig. Al principio apareció de una manera muy curiosa: en una fiesta dada por Francis Scott Fitzgerald, conversó como todo un gentleman sus ideas muy eruditas y conservadoras, y después de desaparecer mutuamente, estaba en la cocina convertido en todo un agitador sindical. Después se lo describió como un chino entre chinos y un negro entre negros. Todo el mundo se abalanzó sobre los periódicos anunciando la noticia sobre ese curioso fenómeno humano, ahora carne de psicólogos y psiquiatras, y de exorcistas no porque no es la Inquisición ni la España de Carlos el Hechizado. Sólo una enfermera se preocupa de él y de su caso, tratando de estudiarlo, de examinarlo, de llegar a las raíces del problema. Contamos con algunos archivos y reportes, además de grabaciones del propio Leonard Zelig, acerca de cómo en la niñez, debido a la presión de tener que leer "Moby Dick", acabó transformándose en otro niño diferente que sí había leído "Moby Dick". Pero de pronto, de manera repentina, Leonard Zelig desapareció. ¿Qué ocurrió con él, a dónde fue? Reaparecería después, nada menos que incordiando al Papa, porque se ha transformado en un cardenal de la Iglesia Católica. Y entonces...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Supongamos que hagamos una encuesta para determinar cuál es la peli más representativa de lo que es Woody Allen y su proyección en el cine (supongamos, por supuesto, que uds. han vistos las suficientes pelis de Allen, y supongamos también que las han entendido, no como el patán cultureta pseudointelectualoide ése de "Annie Hall" al que Woody Allen tuvo que patearle el trasero con el pie de Marshall McLuhan himself). ¿Cuál sería entonces su opción? Si me preguntan a mí, probablemente mi respuesta sería: "Zelig". "Zelig" representa en muchos sentidos el retrato más exacto, acabado y visceral de lo que es Woody Allen. Examinemos un poco su carrera. Este simpático judío, simpático porque uno lo ve tan desgarbadito y se ve como poquita cosa (otro cuento son los judíos ricos y poderosos, porque no me vengan con cuentos, el antisemitismo sigue siendo una presencia en el mundo de inicios del XXI) empezó a rodar pelis porque quería parecerse a su ídolo Ingmar Bergman. Es una elección lógica, habida cuenta de que Bergman en sus pelis trata el tema de la religión y el silencio de Dios, de las complicadas relaciones de pareja, y del absurdo existencial, todos éstos temas también caros en el cine gudialenesco. Pero lo que es mortalmente serio y filosófico en el adusto sueco, en el jazzístico neoyorkino se transformó en una chacota. La tragedia de Woody Allen es que siempre ha querido ser un trágico como Bergman, pero acabó siendo un cómico (bueno o malo a según, pero cómico). No es un demérito porque como es bien sabido por los que saben, hacer comedia es mucho más difícil que hacer tragedia (para la tragedia amontonas chorros de cosas malas en el escenario y listo, pero en cambio para la comedia tienes que ser ingenioso y creativo, y es más fácil lo primero que lo segundo), pero claro, la tragedia es más respetable porque es seria y solemne, y si quieres ganarte el favor de la crítica no puedes hacer comedia (razón por la cual Cine 9009 nunca va a ser mejor considerado que un blog "serio" de cine, aunque la única diferencia es que Cine 9009 y vuestro seguro servidor el General Gato tenemos los cohone de confesar cuando se nos ve el plumero). O sea, Woody Allen hace en muchos sentidos un cine sin identidad, salvo que consideremos como identidad hacer pelis narcisistas en donde se reflejen las neuras propias ad infinitum (o como rodar "Manhattan" acerca de tirarse a una estudiante de 16 años, y patear años después a Mia Farrow por una china de 16 años). Dicho en breve: Leonard Zelig es un hombre sin identidad porque en muchos sentidos, Leonard Zelig es el propio Woody Allen, más Woody Allen que nunca. No será la mejor peli de Woody Allen, no será la más redonda ni la más acabada desde un punto de vista del contenido (en lo formal es otra cosa), pero sí es el mejor autorretrato que este neoyorkino especializado en hacer pelis autorretratos nos ha legado a la posteridad.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por lo más sencillo: el acabado formal. Esta peli está rodada a la manera de un documental histórico. De hecho, podría perfectamente pasar como un capítulo de "Biografías". Parte en sencillo, con la típica evocación de época, hay cortes para frasecitas cortas de entrevistados en "el presente" (1983, se entiende), y luego una voz en off nos va narrando todo con fotografías y videos de época de fondo. Claro que estamos hablando de una peli de 1983, cuando las técnicas para inocular a Tom Hanks dándole la mano al Presidente Kennedy en "Forrest Gump" no es que estuvieran en pañales, es que ni siquiera existían. Es cierto que entre que se acabara la postproducción de los efectos especiales Woody Allen tuvo tiempo de rodar dos (repito: DOS) pelis más ("Comedia sexual de una noche de verano" y "Broadway Danny Rose"), pero el resultado vale la pena. Dudo que con computación y CGI se pudiera obtener un resultado mejor o más realista. Si a eso le sumamos algunas descojonantes apariciones y cameos de tipos muy serios hablando muy en serio sobre Zelig (seriosly: Woody Allen se consiguió nada menos que a Susan Sontag, y al Premio Nobel de Literatura Saul Bellow, para que aparecieran como entrevistados opinando sobre el fenómeno Zelig). Ya por eso, esta peli se merece un visionado.

-- Lo más interesante de "Zelig" es el concepto. El tema principal de la peli es la individuación, la identidad propia, etcétera. Leonard Zelig, el "Camaleón Humano", es el perfecto hombre-masa, por decirlo así, sin ninguna clase de identidad propia. Siendo objeto de bullying desde crío, Zelig aprende a adaptarse a los demás hasta tal punto, que se metamorfosea físicamente para parecerse a los demás y así ser aceptado. Más allá de lo chorra que es este recurso argumental, tratado por supuesto en clave de comedia, he aquí un dardo profundo hacia la aversión de los buenos y respetables (o no tanto) ciudadanos en contra del diferente, del extraño, del que se ve o dice o piensa cosas que se apartan de la mayoría, de "la masa". Más allá del humor, la escena en que se menciona que el Ku Klux Klan odia a Leonard Zelig porque es un judío que puede convertirse en un chino o un negro es simplemente genial (y más aún si se considera que Zelig también puede pasar por un blanco WASP). ¿Cuál es el resultado de que Zelig pueda cambiar y mutar en todas las personas a su alrededor? El éxito, la fama, la celebridad. Pero no la celebridad que nace de hacer grandes cosas, como un Charles Lindberg o una Josephine Baker (por mencionar dos grandes de los '20s), sino la celebridad del pobre y grotesco infeliz, del fenómeno de feria con el que reirnos porque es tan monstruoso-pero-inofensivo, que en comparación nos hace sentir "normales". O en definitiva, de cómo los "normales", los "hombres-masa", tienen tanto miedo de ser tan solo ligeralmente distintos a lo "normal", que si ven a alguien capaz de mutar aún más que ellos, lo quieren pero a la vez lo rebajan como fenómeno de feria, en una ambivalente (sugerida, no mostrada) relación de amor-odio. La escena en que la psicóloga por fin consigue la llave maestra para acceder al verdadero Zelig (no diré cómo para no mandarme un spoiler) es la demostración palmaria de esto. Después, cuando un más curado Zelig aprende a ser asertivo y a darse su lugar en el mundo, la gente deja de quererlo, y se pasa al campo contrario, al odio sin contemplaciones. Y el final no es sino otro chiste retorcido negro: (((SPOILER DEL FINAL, LEÑE))) Zelig se esconde justamente en el paraíso de los hombres-masa, en la Alemania de Hitler, y cuando consigue escapar, recobra el amor de la gente no por ser quien es, sino por un logro absurdo y estúpido, propio de la cultura de los récords (más alto, más grande, más lejos, mejor...) que es Estados Unidos. La escena final es muy simple, y a la vez de una impensada belleza: los dos personajes protagónicos desaparecen de escena, y la cámara queda estática. Zelig ha desaparecido de escena porque ahora tiene una vida, mientras nosotros, los hombres masa, ya no podemos percibirlo más. (((FIN DEL SPOILER))). "Zelig" se presta así para un enorme comentario filosófico. Es de lamentar (y ésta es la razón por la que considero que "Zelig", siendo muy buena, no es una obra maestra) que Woody Allen se sienta tan obligado a intercalar todo este precioso material filosófico con un poco de su humor delirante y absurdo que es su marca de fábrica, quizás para contentar a sus fanáticos o quien sabe. No es que le tenga tirria al humor de Woody Allen (si no se han desternillado de risa con "Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo pero jamás se atrevió a preguntar", es que ustedes tienen algo en la azotea), pero este material daba para algo más potente, y Woody Allen podía haber evolucionado hacia su ansiada meta de convertirse en el Bergman de América. Por desgracia, no pudo, no supo o no se atrevió a dar el salto. Pero, ¡hey!, es una de las buenas de Woody Allen. Descolocante, sí. Algo pesada a ratos (es lo que tiene el formato de pseudodocumental). Un tanto demodé por aquello de que muchos dirán "joer, perozkés la del Foresgám, ranforesrán". Pero muy rica de contenido y significados. Si la encuentran, dénle una oportunidad, que no lo lamentarán.

IDEAL PARA: Ver al Woody Allen más filosófico y sincero.

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